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Opinión

Tiempos de transformación

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En Órbita | Marcelo Salinas
SIPSE

Nadie tiene dudas de que México encara una nueva era. Y es prometedora. Los anuncios confirmados el sábado por el presidente Andrés Manuel López Obrador dan para estar optimista: Tren Maya, becas, pensiones, refinerías, justicia social, eliminar la corrupción, quitar el fuero, entre otros. Durante décadas la sociedad lo ha demandado y hoy ve una respuesta con tiempo fatal.

A Quintana Roo también llega este momento cumbre de la historia contemporánea, al que ha sido convocada toda la sociedad, sin distinciones ni exclusiones como lamentablemente tantas veces ha ocurrido, postergando el sueño de los menos favorecidos. Por eso la frase proferida por él, “primero los pobres”, se entiende a la perfección.

Laura Beristáin Navarrete, presidenta municipal de Solidaridad, lo planteó así en una carta abierta: “(Andrés Manuel) va a encabezar este gran cambio radical; es decir, de raíz, para arrancar de tajo la maldición de la impunidad, de la corrupción, del desempleo, de la desigualdad y de la inseguridad, que son los jinetes del apocalipsis”.

Es precisamente en ese municipio donde pudiera tomar forma un cambio. Lo explico: la más morenista de todas y todos en el estado, es la única que ha instruido, en coincidencia con la línea del gobierno federal, asuntos como el de seguridad pública o el gasto corriente.

Si no, estas líneas igual firmadas por ella lo ratifican: “Los mexicanos tenemos certidumbre y levantamos con alegría la bandera de la esperanza, para acabar con las páginas del entreguismo, de la simulación y del oprobio. Nunca nadie nos pondrá de rodillas”.

¿Le alcanzará un sexenio a él (y en su caso un trienio a ella)? Las especulaciones abundan al respecto acerca de López Obrador, aun cuando el fin de semana las atajó al avisar: “No pretendo reelegirme; por el contrario, implementaré la revocación de mandato”.

Lo cierto es que para muchos se quedaría en la mitad; es decir, entre ese “paraíso terrenal” que plantea con sus 10 proyectos centrales, más otros complementarios, y ese “infierno” configurado durante años por el baño de sangre, los saqueos, la quiebra y el derroche, sobre lo cual una mayoría coincide.

La mitad, en ese caso, no sería un mal logro. El asunto es cómo avanzar de la mejor manera posible. Cual sea el camino, y obviamente el destino, necesitamos un mejor país y un mejor Quintana Roo.

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