Opinión

La Zona Maya de Quintana Roo: entre carencias, esperanzas y demás

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Gilberto Avilez Tax | Tierra de Chicle

En la configuración territorial y espacial del estado de Quintana Roo es evidente que existen asintonías, traslapes y desajustes en cuanto al desarrollo social, económico, cultural y político de la población, en las tres zonas en que desde la cartografía (turística) del poder se ha divido al estado. En este caso, refiramos nuevamente las carencias que en materia de salud han salido a flote con la pandemia de Covid-19 que ya va para más de un año, y que en estos meses hemos estado casi seguido en cifras de preocupación desde el primer momento, pues actualmente, en estos principios de mayo de 2020, Quintana Roo, junto con Chihuahua y Tabasco son los tres estados de la república en focos rojos en el Semáforo Epidemiológico a nivel federal; tres estados de la república donde está complicado el coronavirus pero tal parece que, en pleno tramo final de las elecciones a diputados federales y presidencias municipales, a la clase política quintanarroense le importa un bledo si sigue o no activa la corona de ese virus.

A más de un año del inicio de la pandemia, tal vez el discurso de disuasión contra el coronavirus, ha dado todo lo que pudo dar, se ve laxo y sin fuerza ante una clase política ensimismada en su poder y una ciudadanía que simplemente necesita seguir en una “normalidad” postcovid: si no lo veo, si no hablo de los muertos cotidianos en los infografías tuiteras estatales para los municipios, si no establezco cifras precisas para cada municipio y doy números totales solamente, si tengo dos marcajes de corrección y disciplina sanitaria para el simple ciudadano y le doy todos los beneficios al turista springbreakero que recorre las arenas blancas del Caribe mexicano y las fiestas orgiásticas en los antros de Tulum; o peor todavía, si la misma ciudadanía se comporta como covidiota, deja de salir a la calle sin cubrebocas, atiborramos los camiones y concurrimos a las playas. Si al foco naranja ya nadie le hace caso a pesar de que hoy 9 de mayo Quintana Roo superó los 124,200 casos positivos a Covid-19, si nos vale lo que diga López Gatell (¿quién sigue aún hoy en día el informe diario del coronavirus?) y pensamos en los beneficios universales y conclusivos de las vacunas (ya vacunaron a los viejos, ahora vienen los cincuentones, y pronto los maestros, hay esperanza, grita la muchachada), o creemos que al fin estamos alcanzando la inmunidad de rebaño, entonces no hay más que hablar del coronavirus: ¡al diablo el coronavirus!, pues es una pandemia que ha perdido, al parecer, el rating en estos tiempos líquidos y evanescentes, que ha entrado en la obsolescencia y que ya es hasta aburrido fincarle dos párrafos más al tema. Jubilemos, pues, al coronavirus y que la muerte decida. 

Pero, a pesar de esta obsolescencia discursiva y ciudadana por el coronavirus-19, no podemos dejar de insistir que urge repensar no solamente la economía turística de Quintana Roo, sino  insistir en que el estado federal, regional y municipal, deben crear mayores mecanismos de salud en cuanto a cobertura e infraestructura en las zonas más marginadas del estado, deben posibilitar un crecimiento de los recursos humanos en el sector salud, para que las regiones históricamente olvidadas en materia de salud (pienso en el “traspaís” de la zona turística, que es la zona maya), tengan la posibilidad de que este su derecho humano universal, establecido en el artículo 4 de la Constitución, al fin se dé en la práctica y que salga del discurso estadístico, los informes manidos de secretarios y los “papers” de la academia bostezante. 

Entiendo a la perfección las ideas de la “salud intercultural”, en cuanto a que las comunidades indígenas tienen un enorme reservorio de conocimientos ancestrales para curarse. De hecho, en varias ocasiones me han comentado que, en los estragos de la pandemia, cuyo pico en José María Morelos y Felipe Carrillo Puerto ocurrió entre julio y agosto de 2020, mucha gente de escasos recursos y de las comunidades no acudió al “hospital integral” que se encuentra en la cabecera municipal, sino que, desde sus casas, con remedios caseros, hojas, hierbas, sortearon la enfermedad. No obstante, incurriría en una deshonestidad intelectual si no refiero que no podemos aceptar la idea de que los pobres y las clases olvidadas y explotadas es preferible que se curen según “sus remedios”, para que el estado no se obligue en llevar los servicios de salud requeridos, con médicos y especialistas, con facilidad de que las comunidades se conecten en una red dentrítica y esta hacia una mayor cobertura, y con las conquistas tecnológicas que en materia de salud se ha conseguido. 

En ese sentido, las cifras y las condiciones en que algunos hospitales “integrales” de la zona maya se encuentran laborando son más que evidentes que se encuentran en focos rojos, con infraestructura deficitaria, tanto material como en recursos humanos. Hace unos meses, desde la prensa local se reportó que, de las 64 comunidades con que cuenta José María Morelos, solo en 19 había clínica rural, y estas a veces se quedan sin médicos no sólo los fines de semana, por no decir que sin medicinas. Leyendo el Diagnóstico de la Situación de los Servicios de Salud del estado de Quintana Roo, de 2018, nos llama la atención que, prácticamente, el Hospital Integral del municipio de José María Morelos no alcanza bien a bien ser siquiera un hospital de segundo nivel: es un cascarón que, cuando inició la pandemia, contaba con el mismo material material médico e infraestructura desde que inició labores décadas atrás. Esperemos que les hayan dado mantenimiento en esta terrible situación de pandemia.

En ese sentido, hay que precisar que los servicios de Salud, en cuanto a la infraestructura, corresponden al ámbito estatal, no municipal. Los presidentes municipales en turno, se restringen a realizar una buena gestión para que los gobiernos regionales tomen en cuenta al municipio para esto, pero tal parece que, desde 20 años a esta parte, si no es que más, los gobiernos estatales han dejado en el olvido a esta zona maya. Prácticamente podemos decir que, José María Morelos ha estado abandonado por los gobiernos estatales si de salud se trata, y la pandemia por supuesto que evidenció esta “singularidad”.

Y en lo que va del proceso electoral, al menos dos candidatos en Quintana Roo, uno de la zona maya y otro de Tulum, Marciano Dzul y Erik Borges Yam, ambos de Morena, han anunciado que, en caso de llegar al poder, gestionarán la construcción de hospitales de segundo nivel en sus municipios. Borges Yam, al respecto, ha asentado esta propuesta de trabajo:

“El sector salud de nuestro municipio se ha mantenido tal y como está, desde hace 40 años, y no se le han hecho mejoras ni en infraestructura ni en mobiliario. Esta condición nos tiene en situación de vulnerabilidad a todos nosotros los mayas, ya que nos tenemos que trasladar al hospital de Felipe Carrillo Puerto que está a 80 km, si ahí no nos atienden nos mandan a Chetumal, que está a 200 km; de no poder ser atendidos ahí, nos envían a Playa de Carmen que está a 250 km o Cancún 320 km. Un recorrido en el que hemos perdido a seres queridos y hermanos mayas. El sector salud olvidado por los gobiernos corruptos del pasado. La insensibilidad del gobierno estatal y la ineptitud e incapacidad de gestión de los gobiernos municipales han dado al traste con los servicios de salud en el municipio, que en estos momentos se encuentra en quiebra. Sin medicamentos, sin mobiliario ni instrumentación suficiente, sin camas, sin personal suficiente para dos turnos. El centro de salud de José María Morelos, fue construido a modo de parches según fue pasando el tiempo. Con centros de salud en los que no hay médicos ni enfermeros o enfermeras, declaramos en colapso total el sector salud de nuestro municipio, somos más de 36 mil mayas que habitamos aquí y tal vez por eso no nos quieren atender”.

Esto, en otros tiempos que no sea el de esta realidad pandémica, hubiera sido entendida como si de un discurso más se tratara. Pero actualmente es una cruenta realidad que necesita ser modificada. La terrible pandemia de Covid nos ha enseñado bastante que municipios como los de la zona maya, o incluso Tulum, no pueden depender en exclusiva de los hospitales de Chetumal y la zona norte por sus enormes distancias, y es de urgente necesidad que se descentralice –en el entendido de que se construyan y se dé la infraestructura material y humana necesaria a dos hospitales de segundo nivel en sendos municipios- los servicios de salud; y por eso las propuestas de estos dos candidatos, en materia de salud, se toma con beneplácito y esperanza. Ojalá y se concreticen, esperemos que sí.

Tal vez, en esta cuestión puede entrar la idea de crear un hospital de Tercer nivel (creo que en Quintana Roo, solamente el Jesús Kumate, de Cancún, cuenta con ese nivel) que eslabone buena parte de la zona norte, la zona maya y hasta el sur, y este hospital estaría en la cabecera del municipio de Felipe Carrillo por ser región central que conjunta tanto a José María Morelos y Tulum en cuanto a las distancias, que son casi iguales. Hace unos meses platiqué al respecto con una investigadora sobre esto: surgió la idea de que urge un hospital o varios hospitales de segundo y tercer nivel en municipios como José María Morelos, o bien, uno de Tercer Nivel en Carrillo Puerto. Creo que la idea no es errada, no es fantástica, los recursos que genera el turismo dan para eso y más. 

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