Tiro Libre
Anwar Moguel
Novedades Chetumal
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Si de algo debe cuidarse el gobernador electo, Carlos Joaquín González, desde esta etapa de transición y más aún cuando tome el poder formalmente el 25 de septiembre, es de no dejarse meter en la burbuja de los aduladores y asesores a modo que pululan alrededor de los gobernantes, sobre todo en estos momentos de aguas agitadas en la política local.
Estos personajes, tan comunes en la política mexicana, son los culpables de dinamitar incontables proyectos de gobierno al construir un muro alrededor de su “amo” con el afán de alejarlo de la realidad. Lo envuelven con palabras carentes de toda crítica, lo endulzan diciéndole al oído sólo lo que el poderoso quiere oír, incapacitándolo para escuchar y palpar las necesidades reales del pueblo.
A esos les llamo “lenguas de serpiente”, en referencia a aquel personaje “Grima lengua de serpiente” de la novela épica de Tolkien, El Señor de los Anillos, que convirtió en un guiñapo, en un remedo de gobernante, a un poderoso rey de un pueblo indomable solo con sus palabras de tóxico caramelo.
Veo y leo con preocupación en redes sociales y algunos medios periodísticos que muchos “lenguas de serpiente” se han tomado muy en serio el papel de azucarar los oídos –o los ojos– del cozumeleño, aplaudiendo con ahínco cualquier acción que realiza, a la vez que despotrican, atacan y en algunos casos hasta insultan a cualquiera que se atreva a lanzar alguna crítica contra Carlos Joaquín o su equipo de transición.
Estos personajes, que gustan de endiosar al gobernante, son más dañinos incluso que los enemigos políticos declarados y que los golpeadores a sueldo, porque mientras los ataques de estos últimos son fácilmente identificables y causan daño solo cuando la munición está anclada en la realidad, los apologistas están convencidos de que su intención es buena, de que actúan con razón y buena fe, y de que están apoyando a su gobernador al que casi casi otorgan cualidades de un ser infalible.
Carlos Joaquín ha dado muestras desde el inicio de su carrera de que es un político ecuánime e inteligente. Su actuación durante el pasado proceso electoral –que inició mucho antes de la campaña– deja constancia que es una persona en total control de sus emociones. No cualquiera hubiera soportado la andanada infame desatada en su contra con la madurez y elegancia con la que se manejó.
Con esa misma madurez Carlos Joaquín debe procurar mantener los pies en la tierra tomando una sana distancia con las lenguas de serpiente, porque las consecuencias de caer en el círculo de la adulación son devastadoras: el mejor ejemplo de ello está a la vista con el gobierno saliente.
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