Tiro Libre
Anwar Moguel
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Llegó la hora. Este domingo 7 de junio es el momento en que millones de mexicanos debemos decidir el rumbo de nuestro país eligiendo en las urnas a quienes nos representarán como diputados federales en el Congreso de la Unión, en lo que amenaza con ser una jornada electoral fuera de lo común por las amenazas de violencia en al menos diez estados de la República.
En Quintana Roo, no es la violencia el enemigo a vencer, sino la apatía ciudadana para ejercer el voto. El elevado índice de abstencionismo es una constante en cada elección demostrando que el ciudadano promedio no tiene interés alguno en la política, o de plano está tan decepcionado de nuestra democracia que prefiere no acudir a las urnas a hacer valer su voz.
Se anticipa que en estas elecciones federales intermedias el abstencionismo será mayor que el registrado en las elecciones locales de 2013, donde prácticamente votó solo el 40 por ciento del padrón. La importante decisión de quien gobernará, en manos de una minoría manipulable.
La marca del 60 por ciento de abstencionismo puede ser fácilmente rebasada este domingo demostrando que la democracia mexicana basado en su sistema de partidos está en crisis.
Porque a pesar de que existe una cantidad desproporcionada de opciones –diez partidos políticos debe ser un récord mundial– para elegir, la sensación del ciudadano es que sin importar nombre, siglas y colores, todos representan al mismo sistema podrido y corrupto de raíz.
Los hechos avalan ese sentir de la gente, pues desde la derecha hasta la izquierda, los partidos y sus representantes –gobernadores, alcaldes, diputados, senadores– actúan de acuerdo a su propia agenda e intereses, dejando de lado sus posturas ideológicas y tirando las promesas que vierten al por mayor durante el periodo de campañas.
Se trata de la búsqueda del poder por el poder mismo, no para servir a la patria y mucho menos al pueblo. Por eso podemos ver en nuestra extraña e imperfecta democracia simbiosis ideológicamente imposible entre el PAN y el PRD, entre el PRI y el PAN, entre las dizque “izquierdas”, siempre y cuando estas alianzas dejen dividendos políticos y económicos a los dueños de los partidos.
Por esos motivos y muchos más, millones de mexicanos prefieren no perder su tiempo votando. “¿Para qué? –se preguntan– ¡si todos son iguales!”.
Consideran la abstención como un método de castigo, como una protesta silencio de inconformidad con la forma en que se maneja el país, sin embargo al abstenerse contribuyen a mantener al propio sistema al que aborrecen, facilitando la tarea a los partidos de siempre para que, con solo su voto duro, puedan mantener en sus manos el gobierno.
Otros promueven el voto nulo o blanco. Estos, a diferencia del que se abstiene, acude a las urnas y deposita su boleta pero anulando a propósito su voto en un acto de rechazo total a lo que representan los candidatos.
Incluso un premio nobel de literatura, el genial José Saramago (qepd), dilucidó sobre este tema en su obra “Ensayo sobre la lucidez”, donde planteó una situación hipotética de una ciudad donde el 83 por ciento de sus habitantes votaron en blanco en una elección municipal.
La postura de Saramago, polémica en extremo, no es exclusiva de él, pues un sinfín de ciudadanos han visto en el voto blanco una alternativa de lucha contra el sistema.
El escritor portugués fue duro, y al esgrimir el porqué de su promoción al voto blanco dijo que “la democracia está bloqueada y es tan sólo un ejercicio formal. Podemos quitar y poner gobiernos, pero no podemos derribar el verdadero poder: las estructuras económicas y financieras. Los gobiernos son comisarios políticos del poder económico y en el FMI o en la OMC no hay democracia”. Más claro ni el agua.
Sugiere también que el voto blanco debería tener validez, es decir, que si en una elección la cantidad de votos anulados supera al candidato con más votos recibidos, la voluntad ciudadana es no tener representante, por lo que la posición se debería quedar acéfala por decisión del electorado.
En el terreno de la filosofía, el voto blanco tiene sentido, pero no en la realidad.
Porque si tal como se plantea en esta ficción, ocurriera que en unas elecciones cualquiera en México, el 83 o incluso el 90 por ciento de los votantes anularan su boleta, la minoría restante sería, sin lugar a dudas, los que elegirían a los gobernantes. La ley así lo establece y ni el voto nulo ni el abstencionismo, por masivos que sean, son contemplados en la normatividad actual.
Con esas opciones cerradas, la única vía que nos queda a los ciudadanos para intentar cambiar las cosas es ejercer nuestro voto.
Definitivamente, son muchas las cosas que están mal en nuestro país. Nuestra política está manchada por el descrédito y nuestra democracia adolece con un sinnúmero de enfermedades, pero aun así nos corresponde cumplir con valor cívico y votar por quien consideremos la mejor opción.
No hay de otra. Salir a las urnas es nuestra mejor y única opción.
Desde las aulas
Resultaron falsas las declaraciones al aire que presuntamente realizó el vocero del Movimiento Magisterial –reminiscencia del extinto Comité de Lucha-, Felipe Briceño García, que en una nota periodística publicada por un medio local no descartó la posibilidad de realizar un boicot a las elecciones en Quintana Roo, como lo está haciendo la CNTE en otros estados.
El profesor y activista aseguró que el boicot electoral era una posibilidad que se estaría decidiendo entre la base magisterial, e incluso señaló que hay al menos siete mil profesores inconformes que serían el elemento humano para realizar esta acción.
Apenas salió la nota, la célula de la CNTE que opera en Chetumal y que mantiene un minúsculo plantón “informativo” frente a la Plaza Las Américas desmintió a través de un comunicado el supuesto boicot y se deslindó de las declaraciones de Felipe Briceño, dejando claro que nada tiene que ver con su movimiento.
“La CNTE quiere dejar claro que como gran órgano aglutinador de masas respaldará todas las necesidades de la base trabajadora quintanarroense, pero no respaldará esta falsa declaración hecha por parte del vocero, ya que en ningún momento la CNTE del SNTE Q. Roo ha tenido acercamiento con esta persona; por lo que hacemos el DESLINDE de la misma, toda vez que sus palabras escritas en el periódico ponen en riesgo nuestra integridad física y desvirtúa los motivos de la actividad pacífica de nuestro plantón informativo”, dice el documento.
Y dejan claro que “en estos momentos no contamos con los elementos necesarios para llevar a cabo el boicot electoral, ni la toma del INE en los comicios federales”.
La amenaza, pues, fue una valentonada de Felipe Briceño que no encontró eco ni en el magisterio, ni fue respaldado por la Coordinadora, movimiento con quien el vocero señaló existe una “afinidad”.
Lo cierto es que en el estado el ambiente magisterial está en plena calma, y los intentos por encender la mecha de inconformidades inexistentes han sido infructuosos.
Eso sí, hay que tener mucho cuidado con el avance de la CNTE en la entidad que empieza a sumar adeptos, ante la falta de liderazgo de la sección 25 del SNTE. Tienen en la mira a Quintana Roo desde el 2013 y quieren afianzarse para imponer su ley, tal como lo hacen en Oaxaca, Chiapas, Guerrero y Michoacán. Mucho ojo.
