Opinión

Endeble Pax Morena en Quintana Roo

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Tiro Libre | Anwar Moguel
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Los acuerdos tomados la semana pasada por los principales líderes de Morena en el estado con la no reconocida delegada estatal, Liliana Castro, y un enviado del CEN del partido, están tambaleantes y no son definitivos, no solo por la inconformidad manifiesta del senador José Luis Pech Várguez -el único que participó en la mesa que no salió contento con su pedazo del pastel- y un sector del morenismo de base, sino también por la incertidumbre de quién se quedará con la dirigencia nacional del partido en los próximos días.

De hecho ese es el principal factor que convierte ese acuerdo en un castillo de naipes, ya que la permanencia de Alfonso Ramírez Cuellar al frente de la presidencia partidista pende de un hilo, y solo hay dos rutas a tomar: o se van por el camino de la encuesta abriendo paso a Mario Delgado, o se incumple con la orden del Tribunal Electoral, lo que terminaría por tumbar a Ramírez Cuellar y dejar de nueva cuenta el bastón de mando en Yeidckol Polevnsky.

De darse cualquiera de esos dos probables escenarios el pacto firmado verbalmente ante los dos peones de Ramírez Cuellar quedaría automáticamente sin efecto, cambiando el equilibrio de poderes entre los referentes.

Por supuesto, no hay que minimizar la impugnación realizada por un amplio grupo de morenistas a este acuerdo que pretende dejar el liderazgo local en manos de la “marista” Anahí González y el control financiero en el “marybelista” Ricardo Velazco, denunciando con toda justicia que la militancia, la base, no fue tomada en cuenta en el reparto de las posiciones.

Y tienen toda la razón: con esta intentona, Morena está replicando los crónicos vicios de los partidos de siempre, esos que por ignorar a su base hoy navegan en la ignominia.

Si el partido guinda pretende confirmar su hegemonía electoral en el 2021 y 2022 en Quintana Roo, debe empezar por sacudirse las costumbres antidemocráticas aprendidas en la escuela del priismo y abrir sus procesos a los militantes, y después emprender una cirugía profunda para empatar las fracturas entre sus tribus y concretar un proyecto común de cara a las dos guerras que vienen. 

De ello depende mantener la credibilidad del partido de “la esperanza”, tan dinamitada por sus malos representantes en las alcaldías y en las posiciones legislativas locales y estatales, donde son más los malos ejemplos que los buenos. ¡Aguas!

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