Opinión

El Verde y Morena: ¿divorcio en puerta?

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Tiro Libre | Anwar Moguel
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En junio pasado el actual dirigente nacional de Morena, Alfonso Ramírez Cuellar, prácticamente formalizó la alianza política con el Partido del Trabajo (PT) y el Partido Verde Ecologista de México (PVEM) de cara a la dura competencia electoral de 2021 en la que se definirán, además del control de la Cámara de Diputados, 15 gubernaturas estatales.

La alianza parecía lógica dado que el propietario del casquivano partido Verde, Jorge Emilio González Martínez, pactó con el lopezobradorismo un cambio de bando en el Congreso de la Unión en el 2018, regalando algunos diputados a la bancada guinda para consolidar su hegemonía y sumándose al bloque de la 4T en las votaciones de toda iniciativa que interese al Presidente de la República.

A cambio, el Verde recibió la bendición de Morena para atropellar leyes -véase el caso Manuel Velasco- y vía libre para mantener sus estructuras clientelares que alimentan con métodos claramente antidemocráticos en puntos de su interés, como Cancún, por ejemplo.

Esa alianza de facto también impactó en los estados. En Quintana Roo, el Verde dio la espalda a años de relación político-amorosa con el PRI y se lanzó a los brazos del nuevo galán de la escena: Morena; los efectos de esa nueva relación se han dejado sentir con todo su peso en la XVI Legislatura.

Sin embargo el idilio podría llegar a su fin de forma prematura. Tras el anuncio de esa alianza pro 4T, Alfonso Ramírez recibió un alud de críticas de una amplia fracción de Morena y de relevantes personajes afines a López Obrador, calificando como un insulto, una grosería vomitiva, el formalizar ese matrimonio por conveniencia política.

Les sobra razón a los críticos. No existe partido que se contraponga más al discurso preferido del presidente Andrés Manuel -a quien le encanta exaltar la austeridad, la sencillez, la pobreza- que el Verde, integrado mayoritariamente por juniors privilegiados, “fifís” hasta la médula, pero amigos o socios de Jorge Emilio, el “Niño verde”.

Ramírez Cuellar resintió la presión y hace pocos días cambió de postura, al deslizar que ve “complicada” una alianza con el Verde por el rechazo hacia ese partido de gran parte de la militancia, pero no cerró la puerta por completo, anticipando que la decisión se tomará después de que se debata internamente en Morena.

El divorcio es posible, pero los Verdes siguen manteniéndose leales hasta el momento a la 4T conocedores de que en la política mexicana vale más el pragmatismo que los principios y la ideología, y también que en caso de que Morena les niegue su amor y padrinazgo serán bien recibidos por las “boas” opositoras, pese a su reciente traición.

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