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Opinión

Antropofagia morenista rumbo al 2022

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Tiro Libre | Anwar Moguel

Embriagados con la ilusoria expectativa de un triunfo fácil en una elección aún muy lejana, los aspirantes de Morena a suceder en la gubernatura de Quintana Roo a Carlos Joaquín González iniciaron desde ya una descarada campaña para “posicionarse” en esta carrera de largo aliento, arrasando de paso con la endeble concordia del partido guinda por las agrias luchas desatadas entre sus tribus que han hecho mella en los Ayuntamientos que gobiernan y amenazan con fracturar a la bancada morenista en la próxima Legislatura.

Si. El lapidario diagnóstico que hace un par de semanas lanzó el escritor Paco Ignacio Taibo II, actual director del Fondo de Cultura Económica y simpatizante ideológico de la 4T, quien aseguró que “Morena perdió su esencia social y se convirtió en un partido blandengue, electoralista y buscachambas”, y que la corrupción sigue permeando entre sus huestes del nivel 2 hacia abajo -excluyendo en sus duras declaraciones únicamente al presidente Andrés Manuel López Obrador- describe a la perfección lo que está ocurriendo en el partido guinda a nivel local, donde con poco que presumir y con muchas deudas con la sociedad aún, sus principales líderes están en descarnado combate por el poder.

El diputado federal y empresario de medios, Luis Alegre Salazar, el senador José Luis Pech Várguez y la senadora Marybel Villegas Canché, principales líderes tribales en Quintana Roo, han desatado sus estrategias para autopromocionarse por un lado, y obstaculizar a sus correligionarios por el otro, lo que está creando una suerte de caos dentro de Morena sin que la dirigencia nacional pueda meter orden.

 No son los únicos con ambiciones, también hay otros con sus respectivos cotos de poder como Jesús Pool Moo, Mara Lezama Espinoza y Luz María Beristain con todo su clan, que por el momento han decidido jugar como “aliados” de uno u otro grupo aunque sus lealtades pudieran ser tan efímeras como cambiantes.

El problema es que las consecuencias inmediatas de esta batalla tribal motivada por el deseo de poder no solo las sufre el partido, sino que permean en la sociedad quintanarroense, ya que Morena gobierna actualmente los tres municipios más grandes del estado y a partir del próximo mes se perfila para controlar el Congreso local.

El botón de muestra del desastre que priva en Morena se deja sentir con todo su peso en el municipio capitalino, Othón P. Blanco, donde el brutal canibalismo entre dos equipos correligionarios pero antagonistas al mismo tiempo, han sumido al Ayuntamiento en una parálisis política, administrativa y económica, provocando en los habitantes un prematuro repudio hacia el partido de López Obrador.

En Solidaridad (Playa del Carmen) y Benito Juárez (Cancún), aunque hay mayor control político, a nivel social los niveles de aprobación de las alcaldesas morenistas Laura Beristain Navarrete y Mara Lezama Espinoza están por debajo del 50 por ciento a pesar de que no han cumplido ni siquiera un año en el encargo.

Pero esta realidad es ignorada con dolo por los adelantados suspirantes, quienes sin importar el espiral de desprestigio en el que está cayendo de forma acelerada el partido han llevado su pleito a un nuevo campo: el Congreso del Estado.

Luis Alegre, Marybel Villegas y José Luis Pech, están en plena rebatiña de diputados, tratando de sumar adeptos a sus “equipos” a como dé lugar, con la intención de controlar en lo posible la bancada de Morena y con ello la XVI Legislatura.

No hay interés en crear una agenda conjunta, mucho menos en cohesionar a la bancada con un proyecto de beneficio para la sociedad, no. El único interés es reclutar a los más diputados que se puedan para controlar así los recursos financieros del Congreso y utilizar la Legislatura y a los legisladores para sus fines particulares y sus sueños de grandeza.

Nada aprendieron los morenos del pasado. No comprenden que la izquierda mexicana, que alguna vez existió, quedó al borde de la extinción justamente por el canibalismo imperante en sus filas; por el egoísmo, por la búsqueda del poder por el poder.

El 2022 se ve cercano, sin embargo tres años es mucho tiempo, el suficiente para que, de no poner orden en el desastre, Morena se desgaste y dinamite sus posibilidades de consolidarse como el principal poder político estatal y nacional si las cosas siguen por la misma ruta, replicando los vicios más oscuros de los partidos que tanto satanizan.

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