Tiro Libre
Anwar Moguel
La jornada de terror que se vivió en Jalisco el pasado 1º de mayo fue una cubetada de agua fría para todos los mexicanos que, por vivir en zonas de relativa calma, permanecemos ajenos a la barbarie que se vive en nuestro país donde el Estado está siendo superado por el crimen organizado, infiltrado hasta la médula en corporaciones policiacas municipales, estatales e incluso en las más altas esferas del gobierno.
Según la información oficial, el detonador de la violencia fue la implementación del “Operativo Jalisco” por parte de la Policía Federal en coordinación con las fuerzas estatales y que tuvo la finalidad de capturar a los líderes del cártel “Nueva Generación”.
La reacción del grupo criminal fue desproporcionada, algo pocas veces visto no solo en nuestro país, sino en nuestro continente, en una escena surrealista que lo único que dejo claro es que en México, los ciudadanos no gozamos de la menor garantía de seguridad.
Decenas de bloqueos carreteros, incendios en bancos y plazas comerciales, enfrentamientos a mano armada. Niños, mujeres, ancianos y hombres aterrorizados por una escena de pesadilla que recuerda a la violenta Colombia de la época de Pablo Escobar Gaviria.
Armados con metralletas, bazookas, granadas y material combustible, los criminales salieron a mostrar con furia lo que son capaces de hacer enfrente de las autoridades policiacas de los tres niveles de gobierno y de las propias fuerzas armadas que no previeron el golpe y, por un momento, quedaron impávidos ante lo que ocurría.
De los trágicos hechos que una vez más colocaron a México en la mira del mundo y al presidente Enrique Peña Nieto en una situación indeseable, podemos sacar varias conclusiones inmediatas.
En primer lugar, es claro que la “guerra” contra el narco de Calderón y los ajustes en la Seguridad Nacional de Peña Nieto no han servido para nada. Ya son casi nueve años en los que las promesas de pacificación de un país en llamas quedan en el aire.
El “mando único”, propuesta antes de Calderón, ahora del mismo Peña Nieto, sigue sin ser una realidad, las corporaciones policiacas se manejan por la libre, bajo el liderazgo de muchos mandos que trabajan para uno u otro bando de criminales. Los nexos allí están y basta con platicar “off the record” con cualquier elemento municipal, estatal o federal para saber que ninguna se salva.
El país se desangra. Muere de a poco como resultado de la corrupción enraizada en el ADN de la política nacional, de la pobreza, del clasismo, de la falta de oportunidades de educación y empleo, que se mezclan en un fatídico coctel que alimenta la delincuencia, la común y la organizada.
Es una bofetada para todos, incluyéndonos a los quintanarroenses, porque esta nefasta realidad no está muy lejana. El mensaje es simple: nadie en México está seguro, y esa vulnerabilidad mostrada el primero de mayo en Jalisco es igual en todos lados.
Quintana Roo, hasta el momento se encuentra entre los estados más seguros del país, según las estadísticas de la Procuraduría General de la República. Y aquí, en este estado “tranquilo”, las extorsiones a empresarios están a la orden del día, los carteles que operan en la zona norte ya provocaron la extinción económica en la zona centro de Cancún y en la antes bulliciosa Avenida Yaxchilán.
Ha habido ejecuciones por ajustes de cuentas; los turbios negocios de la prostitución y la piratería son manejados por grupos criminales de amplio arraigo en la región, y todo eso, en una zona de las más “seguras” del país.
No nos confundamos: Jalisco fue una pesadilla que no es muy ajena a nuestra realidad. ¿Hasta cuándo seguiremos viviendo en medio del terror?
La otra cara de CAPA
Los recientes problemas que ha enfrentado la Comisión de Agua Potable y Alcantarillado (CAPA) en Chetumal, donde hace un par de semanas a raíz de un trabajo de mantenimiento se cortó el suministro de agua por algunos días y la reciente tormenta eléctrica afectó la operación de las bombas provocando bajas presiones a fines de la semana pasada, han colocado a la dependencia y a su directora, Paula González Cetina, en medio de un vendaval de críticas, muchas de ellas más destructivas que constructivas.
Esta animadversión contra la CAPA que se ha acentuado en las últimas semanas por la válida molestia de los chetumaleños que han sufrido la carencia del vital líquido, impide ver el panorama completo de lo que se vive en la Comisión, que tiene otra cara, esa que solo conocen los trabajadores y las personas que día con día enfrentan el reto de proveer de agua a las familias de la capital.
De primera mano tuve oportunidad de conocer esa perspectiva en una plática informal con un fontanero de la CAPA que acudió a mi casa por un problema de suministro, donde compartió conmigo la inmensa presión con la que han trabajado los últimos días, conocedores de que su función es primordial para cada uno de los habitantes de esta ciudad y los alrededores.
“La gente no sabe, no tiene idea de todo lo que hacemos para que el agua llegue a sus casas, solo nos critican sin saber lo que a veces tenemos que hacer”, y adereza sus palabras con fotografías que me muestra en su celular, orgulloso, donde se le ve a él y otros trabajadores lo mismo en medio de una especie de selva lidiando con las tuberías, que sumergido hasta el cuello en un anegamiento arreglando alguna fuga masiva.
Por lo que me narró, la complejidad de la tarea es enorme y aunque se ha avanzado mucho en materia de infraestructura, los imprevistos son los que en muchas ocasiones generan los mayores problemas.
Eso es lo que ha ocurrido en los últimos días y que los ha mantenido trabajando horas extras, a veces en el campo, a veces atendiendo asuntos particulares –como el mío- por reportes a la línea telefónica 073, pero aseguró que el servicio estaba prácticamente normal en toda la ciudad, y que la baja presión provocada por el apagón se solucionaría en horas.
“¿Desde cuándo vives en Chetumal?”, me preguntó el fontanero, y le respondí que desde hace más de 26 años. “¡Ahh! Entonces si vivías acá cuando teníamos más problemas, cuando el agua llegaba solo un rato por el día o por la noche, cuando no había casi drenaje en la ciudad, cuando se inundaban la mitad de las colonias con cualquier lluviecita. Ahora es muy diferente pero la gente ya no se acuerda, por eso se enoja”, concluyó.
Si tan solo la mitad del personal de CAPA está en la misma sintonía, su directora, Paula González Cetina, debe de estar orgullosa de tener a gente con este nivel de compromiso, porque al final de cuentas el espíritu de los trabajadores es un reflejo del estilo de liderazgo que se impone desde la cabeza.
Desde las aulas
En este ciclo escolar por primera vez se asignarán las plazas de directores y supervisores por medio de un examen de oposición, y a pesar de las reservas de muchos docentes porque no conocen bien las reglas de este nuevo juego, los registros para contender por las plazas directivas ya superan las tres centenas.
Al respecto, el secretario de Educación, José Alberto Alonso Ovando, informó que ya hay 299 profesores pre registrados para competir por una clave 21 de director, y otros 74 que van por una supervisión escolar, esto además de los mil nueve que hasta el momento están inscritos para ingresar al Servicio Profesional Docente.
Estos números son preliminares, aunque se espera que se muevan poco ya que en el caso de direcciones y supervisiones el registro se cerró este 2 de mayo, mientras que el próximo 8 de mayo terminará el plazo para registrarse en el examen de ingreso a la docencia.
Este proceso, producto de la Reforma Educativa, tiene la finalidad de otorgar las plazas directivas a quienes demuestren poseer los conocimientos técnicos y habilidades directivas, en lugar del sistema anterior que premiaba la antigüedad, principalmente.
