Opinión

La Hidra Tricolor

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Hidra-CJ

Tiro Libre

Anwar Moguel
Novedades Chetumal
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Policéfalo al igual que la Hidra de Lerna -célebre monstruo de la mitología griega- en Quintana Roo el PRI sufrió una herida de gravedad al perder una de sus siete cabezas que se disputaban la candidatura a la gubernatura, sin embargo está lejos de quedar fuera de combate como muchos agoreros pronostican.

Y es que si bien la renuncia anunciada del ex secretario federal de Turismo, Carlos Joaquín González, ha fracturado al partido cortando de tajo una de las caras más visibles de la Hidra Tricolor, el monstruo ha empezado a sanar de inmediato y es muy posible que una nueva cabeza tome el lugar de la que cayó.

Por supuesto que, recién segregado del cuerpo de la Hidra, el cozumeleño puede convertirse en una amenaza electoral, porque conoce a la perfección como piensa el monstruo, como se mueve, como ataca, cuáles son sus recursos, sus puntos débiles y sus fortalezas.

Pero ni compartir el mismo origen ni conocer como la palma de su mano a la Hidra Tricolor le garantizan nada a Carlos Joaquín, que asumió con valentía el riesgo de enfrentar al monstruo, a pesar de saber que su misión es casi suicida.

En la Hidra restan seis cabezas, siete si se suma un o una nueva aspirante de último momento, y aunque solo una de ellas será la elegida para enfrentar al desertor en las urnas, la bestia embestirá como una sola, con todo lo que tiene.

Hablamos de una estructura que, aunque dividida por el reciente desencuentro, mantiene el control y la hegemonía en los once municipios de la entidad; de un partido que controla los diez ayuntamientos actuales, el Congreso local y el Poder Judicial; de millares de militantes, líderes y activistas que a pesar de sus inconformidades toman su lugar en las filas guerreras a la hora de la batalla.

Hablamos de un monstruo que ha asentado sus reales sobre el estado de Quintana Roo, donde no conoce derrota en las batallas por la gubernatura, y que controla la política local con mano de hierro.

A eso se enfrentará Carlos Joaquín, que también tiene estructura, que también tiene recursos, y que gozará del respaldo del PAN y PRD que lo han ungido como un mesías que puede sacarlos de la mediocridad en la que han vivido por lustros.

Aún con todo eso a su favor, la lucha luce desigual; David contra Goliat.

Obnubilados por la pasión tan propia del pueblo mexicano -de hecho una encuesta realizada en el 2013 por la empresa encuestadora Demotecnia (De las Heras) reveló que la segunda característica que mejor describe a los mexicanos es que somos apasionados, sobre todo cuando se trata de futbol y de política- los seguidores del cozumeleño tienen la confianza absoluta de que su candidato derrotará con facilidad a su propio partido, pensando que los ciudadanos se volcarán a las urnas deseosos de un “cambio”.

Para su pesar, la cosa no es tan sencilla. Carlos Joaquín es un candidato peligroso, sí. De haber sido seleccionado como el abanderado del PRI sería imbatible y quizá habría logrado una tasa de votación histórica, pero como opositor el asunto cambia.

Sin duda será mucho más competitivo que cualquier panista o perredista, llámese como se llame, pero está muy lejos de ser el favorito, porque ese espacio sigue reservado para el candidato que emerja de la Hidra Tricolor.

Las estadísticas están a favor del PRI, que en 1999 enfrentó una situación muy similar con la deserción de Addy Joaquín Coldwell, curiosamente media hermana de Carlos Joaquín, que también acumuló un buen número de seguidores, que emocionó a muchos con la posibilidad de derrotar al PRI por primera vez en la historia de nuestro joven estado… y que finalmente fue apabullada por la realidad. Quedó fuera de combate en el primer round, superada de calle.

No quiere decir que esto se vaya a repetir como copia al carbón en este 2016, pero el antecedente histórico tampoco puede ser soslayado.

La Hidra Tricolor está herida, mas luce fuerte y atemorizante como siempre.

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