Tiro Libre
Anwar Moguel
Novedades Chetumal
.
La Secretaría de Salud se convirtió en un verdadero epicentro de la corrupción durante el gobierno de Roberto Borge Angulo, donde algunos directores se enriquecieron de manera descarada en las narices de quien fue el titular de la dependencia, Juan Lorenzo Ortegón Pacheco, quien con su silencio y permisiva pasividad se convirtió en cómplice de las fechorías que sus subalternos realizaban.
En la dependencia encargada de cuidar la salud de los quintanarroenses el atraco al presupuesto fue la norma entre los mandos de las diversas áreas, que actuaban con toda libertad. El caso más claro de los excesos cometidos lo personificó el ex director administrativo, Raúl Aguilar Laguardia, quien fue acusado hasta de robar dinero de los salarios de los trabajadores sin que el asunto pasara a mayores, de hecho fue premiado por Borge que en los últimos meses de su mandato lo envió como titular a la Cojudeq.
Pero no es el único caso. Hasta mis manos llegó evidencia documental de otro ex director –apenas fue destituido esta semana– que utilizó el cargo para aumentar sus bienes sin el menor recato y con acciones que, de ser auditadas por las autoridades, podrían incluso inhabilitarlo por un largo periodo.
Se trata del arquitecto José Luis Romero Sánchez, quien era hasta hace un par de días el director de desarrollo de infraestructura en Salud, posición en la que heredó un verdadero cochinero, con un cúmulo de obras inconclusas y otros señalamientos de mayor peso.
Y es que el funcionario tenía un claro conflicto de interés para ocupar el cargo, ya que posee parte de la empresa constructora PRVS, cuyo apoderado es Juan Parra Valle; la combinación de las iniciales de sus apellidos forman el nombre de la empresa.
Pues bien, según documentos de transparencia en la relación de obras contratadas por la Dirección de Desarrollo de Infraestructura de la SESA durante el tiempo de Romero Sánchez, su empresa resultó beneficiada con millonarios contratos de obras dentro del sector salud, que por supuesto el hábil funcionario se autoasignaba.
Las cantidades y montos fueron creciendo. En 2013, solo de esa dirección, recibió cerca de cinco millones en contratos, pero esa cantidad se multiplicó en 2014, 2015 y 2016.
Una de las obras que tuvo a su cargo PRVS de Romero Sánchez fue la etapa final del hospital de Nicolás Bravo, donde obtuvo un contrato superior a los 15 millones de pesos, pero dejó la obra inconclusa.
Y las irregularidades siguen y siguen, unas más graves que otras, pues también se señala al ex director de malversar cerca de cuatro millones de pesos del programa de empleo temporal 2014, el cual de acuerdo a fuentes internas que tienen los pelos de la burra en la mano, no cumplió el propósito de apoyar a la población necesitada y se quedó en los bolsillos de José Luis Romero, quien para justificar el dinero armó expedientes a modo con firmas de beneficiarios de dudosa procedencia.
Solo una auditoría seria y comprometida puede sacar a la luz toda la podredumbre que se vivió en la Secretaría de Salud en los últimos años, paquete que le corresponde a su nueva titular, Alejandra Aguirre Crespo, a quien no le debe temblar la mano para meter mano en los archivos y, en su caso, sancionar a los responsables.
Porque estos malos funcionarios siguen medrando en las dependencias, aún cuando no ocupan ya puestos de privilegio, en espera de una oportunidad para hincarle el diente al presupuesto.
Desde las aulas
El Colegio de Bachilleres y el Conalep, dos importantes instituciones educativas que en conjunto atienden a un universo de unos 26 mil estudiantes de nivel medio superior, renovaron sus direcciones generales esta semana.
La destacada profesora Ana Vásquez y la maestra jubilada bacalarense, Nelia Uc Sosa, asumieron el mando del Cobach y Conalep respectivamente, con la misión de elevar la calidad educativa de ambas instituciones. Se les desea éxito en su nueva encomienda.
