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Opinión

OPB: cuando la política se torna personal

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Tiro Libre | Anwar Moguel

El abierto conflicto que sostiene un sector mayoritario del Cabildo del municipio capitalino contra el alcalde de Morena, Otoniel Segovia Martínez, está a punto de alcanzar un nuevo pico con una maniobra osada que raya en lo inmoral, pues la síndica Yensunni Martínez y el grupo de regidores que la secundan tienen preparado un proyecto para modificar el Reglamento de la Administración Pública municipal con la única intención de aislar y acotar -aún más- al presidente municipal, quitándole facultades de un plumazo y eliminando posiciones que, hasta hoy, están en control de la presidencia.

En política, los diferendos son cosa cotidiana; pero cuando los pleitos políticos se llevan a la esfera personal, entonces el sentido común y la toma de decisiones para el bienestar colectivo son borrados y quedan en su lugar el enojo y las venganzas.

Al parecer en el municipio capitalino las cosas ya llegaron a ese indeseable punto, pues la amarga discordia que prevalecen al interior seguramente afectará a la ciudadanía, que votó por Morena esperando un cambio real y no una lucha caníbal entre sus tribus. 

El proyecto de modificación al reglamento municipal deja clara la intención de convertir al alcalde en turno en un monigote sin poder, quitándole atribuciones claves a la presidencia para transferirlas al Ayuntamiento, es decir, al Cabildo, al ya plenipotenciario tesorero municipal y a la secretaría general, despojando de su carácter de poder ejecutivo a la presidencia municipal.

Pero no se queda allí. También elimina direcciones fundamentales en la estructura administrativa municipal que actualmente son ocupadas por funcionarios cuyo pecado es ser “leales” a Otoniel Segovia.

Entre estas posiciones que la síndica y los regidores del bloque anti-otoniel quieren eliminar está la Secretaría Técnica, la dirección de Comunicación Social y la Oficialía Mayor municipal, cuyas atribuciones y las cinco direcciones que controla (recursos humanos, recursos materiales, servicios generales, patrimonio municipal y profesionalización y capacitación) pasarían directamente a la Tesorería. 

De aprobarse, Othón P. Blanco sería el único municipio en el estado que no contará con estas figuras. También sería el único municipio donde el poder financiero y administrativo -y por ende, el político- quedaría en manos del tesorero.

Mas en el afán de maniatar a Segovia Martínez, los autores intelectuales del proyecto de modificación al reglamento -dicen que la idea y la asesoría vino desde el Senado- están perdiendo de vista que esta camisa de fuerza afectará no solo al actual alcalde, sino a los presidentes municipales que lo sucedan, lo que puede ser un balazo en el pie para varios de los impulsores de la iniciativa que tienen en su corazoncito el sueño de llegar, en un futuro próximo, a la alcaldía capitalino.

La apuesta es muy riesgosa y se ve mal, muy mal, ya que desnuda por completo las ambiciones malsanas dentro de Morena que, de seguir por este camino, puede ser castigado por los votantes capitalinos en 2021. 

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