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2018: pesadilla en el paraíso

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Tiro Libre

Anwar Moguel

Una larga pesadilla de fuego y sangre se vivió durante el año pasado en Quintana Roo y en sus principales destinos turísticos, pilares de la industria sin chimeneas a nivel nacional y único motor de la economía estatal, golpeados por un río de violencia que en su caudal ha dejado una macabra estela de cientos cadáveres.

La violencia provocada por los grupos del crimen organizado que se mueven como absolutos dueños y señores de este caribeño estado hizo metástasis en el 2018, inundando con el cáncer del crimen a los 11 municipios del estado, aunque el mal se percibe en todo su esplendor en las ciudades de Cancún y Playa del Carmen.

Los números son absolutos y demuestran que los esfuerzos en combate a la delincuencia han sido insuficientes, mientras que las estrategias implementadas para contener el embate de los grupos criminales aún no arrojan los resultados esperados.

La fuente más confiable para evaluar esta espantosa realidad es el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, que mes con mes registra la incidencia de delitos tanto del fuero común como del fuero federal. En la estadística actual, Quintana Roo brilla en un alto tono rojo como uno de los tres estados más violentos en relación a su población total, y también está en el top 5 de entidades con mayor crecimiento porcentual en la tasa de criminalidad.

El ascenso del estado en esta vergonzosa lista negra está, para nuestra desgracia, más que justificado por el crecimiento inusitado de los crímenes de alto impacto. Basta revisar los números totales de homicidios dolosos y ejecuciones de los últimos tres años para percatarse de la gravedad del asunto.

En 2016, año de transición entre el gobierno priista de Roberto Borge Angulo y el aliancista de Carlos Joaquín González, se registraron en total 165 homicidios dolosos, de los cuales 47 fueron contabilizados como ejecuciones.

Pero en el 2017 el Secretariado Ejecutivo reportó 497 homicidios, un incremento del 300 por ciento en comparación con el 2016, de los cuales 359 fueron dolosos y 206 realizados con arma de fuego.

Ante el clima creciente de inseguridad el gobierno estatal realizó inversiones significativas para fortalecer a las corporaciones policíacas, tanto la estatal como a las municipales, además de lanzar un modelo integral de seguridad pública y convenios con las fuerzas del orden federales; el esfuerzo, sin embargo, no ha dado los resultados esperados.

Y es que el 2018 cerró con un nuevo pico en los números rojos: el Secretariado reporta, con corte en el mes de noviembre, 839 homicidios en total de los cuales 688 son dolosos y 452 realizados con arma de fuego.

Pese a estos escalofriantes números, el gobierno de Carlos Joaquín González manifiesta confianza de que los movimientos en el ámbito de la seguridad pública y la entrada en funciones del mando único policíaco empiecen a tener efectos positivos en este año que recién empieza.

Por el bien de Quintana Roo y de todos los que aquí vivimos, ojalá que así sea.

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